Realizar un buen proyecto de eficiencia energética requiere de esfuerzo, dedicación y, en muchas ocasiones, renovación de equipos e instalaciones que implican inversiones significativas. Su consecución garantiza un ahorro, pero también demuestra que la empresa que la acomete está preocupada por el cuidado del medio ambiente. Un consumo optimizado es crucial de cara al futuro, y es algo que ya se exige en las nuevas construcciones. Sin embargo, conseguir este objetivo no es tan sencillo como parece, y a menudo se cae en graves errores al intentarlo.

 

Errores a evitar en un proyecto de eficiencia energética

Cuando estamos ante un proyecto de cierta envergadura se puede incurrir en diferentes errores, en especial si no se tiene el cuidado necesario. Los problemas pueden surgir por todo tipo de factores: no conseguir la optimización esperada, utilizar tecnologías desfasadas, no contar con la planificación necesaria o no disponer del personal adecuado, por ejemplo. Y estos contratiempos terminarán conduciendo el proyecto, tarde o temprano, al fracaso.

Y es que un propósito de estas características suele requerir desde el primer momento de una fuerte inversión, tanto en recursos monetarios como humanos. Además, es indispensable contar con proveedores y empresas de apoyo que faciliten la adopción de estas medidas. Este es el caso de GoSafe with ESI, un proyecto europeo cuyos servicios se centran en optimizar el ahorro de las compañías que apuestan por un proyecto de eficiencia energética, garantizando sus ahorros por contrato. Con su colaboración pueden evitarse, en gran medida, las pérdidas derivadas de caer en un error grave.

 

1. Falta de planificación

La falta de planificación conduce al desastre o, como mínimo, a no obtener los resultados esperados a la hora de mejorar la eficiencia energética en los edificios. Un plan contribuye a marcar el camino a seguir, permite conocer el estado actual de la construcción, definir los objetivos, decidir los métodos y estrategias que se van a usar, quién va a participar y cómo se van a medir los resultados una vez puesto en marcha el proyecto.

Sin todo esto es imposible alcanzar el éxito, y solo se logrará gastar dinero sin sentido. Conocer las características del edificio, el estado actual de las instalaciones y su uso, o las tecnologías a implementar más adecuadas en cada caso son algunos de los datos que deberán figurar en el plan. Por descontado, este se plasmará por escrito para que las partes implicadas puedan revisarlo y enviar sugerencias o correcciones si fuera necesario.

Quizás requiera de tiempo, pero este esfuerzo previo es básico para lograr resultados. Asimismo, también debe reflejar el presupuesto de todas las fases del plan. Esto evitará el despilfarro y permitirá ajustar cada acción, ya que así, se sabrá cuánto destinar, a qué y quién se encargará de buscar proveedores.

 

2. Prescindir de consultores externos cuando no se cuenta con la experiencia adecuada

Manejar un proyecto de eficiencia energética de cierta envergadura requiere de una formación muy especializada, y si una empresa quiere aplicarlo a sus oficinas es muy posible que no le baste con los conocimientos de su propio personal. Además, la visión de un consultor externo es ajena a la organización, lo que le dará independencia y libertad para desarrollar su trabajo.

Contar con consultores externos representa una garantía extra de éxito, ya que siempre se dispondrá de un punto de vista experimentado y que conoce las prácticas adecuadas para este tipo de casos. Esta mirada crítica puede aportar ideas nuevas, y alertaría a la empresa de posibles errores en caso de que fuera necesario. Sin estos profesionales, cualquier error no hará más que magnificarse con el paso del tiempo.

 

3. Implicación deficiente

Estos proyectos requieren de una implicación plena, tanto de los responsables y gestores de la empresa como de los proveedores s e instaladores de tecnologías eficientes. Hay que atender a la propia ejecución, revisar el avance de cada fase, formar al personal cuando sea necesario… La falta de implicación de los primeros, sea por escepticismo hacia la eficiencia energética, por escasez de tiempo o cualquier otro motivo, terminará desembocando en una mala inversión de los recursos.

Y es que este error lleva a no prestar atención a qué soluciones tecnológicas se están aplicando y si son las más adecuadas para el edificio en concreto, o a quiénes son los proveedores o instaladores más apropiados. En este sentido, sin la implicación de proveedores e instaladores con los resultados obtenidos o el mantenimiento de las instalaciones, el resultado será ineficiente, conllevando un sobrecoste y más reformas.

 

4. No monitorizar resultados

Todo plan necesita monitorizar los resultados de las acciones que incluye. Esta es la forma más simple y eficaz de conocer si está dando sus frutos o no, y es vital cuando se busca la eficiencia energética en los edificios, ya que buena parte de las acciones en estos proyectos están destinadas a optimizar el gasto —eléctrico, de gas, etcétera— dentro de sus instalaciones. Siempre hay que establecer unos objetivos y una forma de cuantificarlos.

Para esto es indispensable recurrir al uso de indicadores de rendimiento que se ajusten a las necesidades del proyecto en cuestión. Es posible medir el consumo de cada sistema nuevo por separado y compararlo tanto con el de sus versiones anteriores como con los resultados esperados. La información resultante será clave en el proceso de mejora continua.

 

5. Pensar que solo se está gastando dinero

La eficiencia energética en los edificios se enfoca hacia el ahorro, cimentándose en la búsqueda de una forma óptima de manejar los recursos. El desembolso que se haga en este proceso debe entenderse, por tanto, como una inversión a medio o largo plazo. El equipamiento de última tecnología es fundamental a la hora de disminuir el consumo eléctrico, además de contar con una vida útil muy superior, por lo que se rentabilizará en términos de costes operativos.

Por tanto, considerar su adquisición como un mero gasto significa no ver su potencial o desconocer cómo funcionan estos sistemas; si se escatiman recursos económicos no se logrará la eficiencia necesaria. Se necesita la tecnología precisa, adaptada a los requisitos energéticos del edificio y que, a la vez, garantice la comodidad de las personas que la usen. Intentar ahorrar en aspectos básicos llevará a no alcanzar los resultados planificados.

Estos son cinco errores clave que no deberían darse en ningún proyecto de eficiencia energética en los edificios. Evitarlos va a requerir de un esfuerzo por parte de la organización, pero también será fundamental contar con toda la ayuda externa posible. En ese sentido, los profesionales de GoSafe with ESI están a tu disposición para ayudarte a conseguir tus objetivos de ahorro energético y eficiencia, y para asegurar por contrato los ahorros prometidos por tu proveedor.

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