La eficiencia energética es una de las claves para garantizar un suministro de energía seguro, sostenible, competitivo y asequible, al tiempo que se reducen las emisiones que alteran el clima. La Unión Europea, a través del European Green Deal, se ha fijado los siguientes objetivos para 2030:

  • Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55%, en comparación con los niveles de 1990, para convertirse en el primer continente climáticamente neutro en 2050;
  • Una cuota de al menos el 32% de energía procedente de fuentes renovables;
  • Reducción del consumo de energía primaria en al menos un 32,5%.

El nivel de intensidad energética ha ido mejorando constantemente en la última década, pero aún no está en consonancia con los objetivos de desarrollo sostenible fijados por la comunidad internacional.

La eficiencia energética al frente era uno de los tres objetivos principales y una herramienta clave del paquete de medidas «Energía limpia para todos los europeos», elaborado tras la ratificación del Acuerdo de París a finales de 2016. La eficiencia energética sigue siendo el eje principal en el verano de 2021 a través del paquete de propuestas «Fit for 55», que pretende que la UE logre una reducción del 55% de las emisiones, y que se produzca un cambio sostenible en los ámbitos económico, social e industrial. Entre los numerosos instrumentos coordinados en este paquete, las principales propuestas relacionadas con la eficiencia energética son:

  • Un sistema de comercio de derechos de emisión más sólido, ampliado también al sector de la aviación, al transporte marítimo y por carretera y, por último, al sector de los edificios;
  • La introducción de un mecanismo de ajuste del carbono en las fronteras, que ponga precio al carbono de los productos importados;
  • La actualización de la Directiva de Eficiencia Energética.

Para reducir el consumo global de energía y, por tanto, las emisiones, la propuesta de revisión de la Directiva de Eficiencia Energética contiene un objetivo anual vinculante y más ambicioso de reducción del consumo de energía. A la luz de este objetivo, se establecerán contribuciones nacionales que prácticamente duplicarán la obligación de ahorro energético anual para los Estados Miembros. Uno de los sectores más centrados será el sector público, que tendrá que renovar, tanto a nivel central como local, una parte de sus edificios cada año para estimular la llamada «ola» de renovaciones, crear empleo y reducir el consumo de energía.

El hecho de que se preste tanta atención a la eficiencia energética se debe a que es una de las formas más sencillas de: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mejorar la calidad del aire, conseguir ahorros económicos y muchos otros beneficios según su aplicación. En cualquier sector, desde las grandes industrias hasta los hogares individuales, se pueden llevar a cabo acciones de eficiencia energética. Cada campo de aplicación tiene una serie de acciones específicas. Por ejemplo, en el ámbito doméstico, acciones como: sustituir las calderas por otras de nueva generación o bombas de calor, instalar sistemas de producción de energía renovable (fotovoltaica y solar térmica), elegir electrodomésticos más eficientes, reducir la dispersión de la envolvente del edificio y los residuos en general, por ejemplo, disponiendo de un sistema avanzado de regulación de la temperatura ambiente en las distintas zonas, respetando los límites legales. En el sector industrial hay muchas soluciones, más o menos complejas, para aumentar la eficiencia energética.

Un aspecto común a todas las medidas de eficiencia en cualquier contexto, es la reducción de los costes energéticos. En este sentido, puede decirse que la eficiencia energética es una de las formas más rentables de reducir el impacto ambiental y descarbonizar los procesos propios (emisiones de «alcance 1»); en la mayoría de los casos, pueden identificarse inversiones que se amortizan en un corto periodo de tiempo. Además, los beneficios económicos y el tiempo de amortización de las distintas medidas de eficiencia energética pueden resultar aún más atractivos gracias a la posibilidad de utilizar una serie de herramientas de apoyo para promover dichas medidas, como pueden ser los programas de incentivos y ayudas a la eficiencia energéticas promovidos por el IDAE e implantados desde los organismos responsables y agencias locales de la energía de las distintas comunidades autónomas.

Un aspecto clave cuando se habla de eficiencia energética es la cuestión de los beneficios múltiples, que si se monetizan también pueden mejorar significativamente los indicadores económicos (por ejemplo, el tiempo de amortización) utilizados para evaluar las inversiones en eficiencia energética. Algunos de los beneficios múltiples pueden abordar cuestiones especialmente importantes para los responsables de la toma de decisiones (por ejemplo, la calidad del producto/servicio, la seguridad, la resistencia), haciendo que la intervención sea atractiva independientemente de los beneficios energéticos. Los beneficios múltiples también pueden extenderse más allá del tamaño de la organización, con impactos positivos locales y/o globales.  Los beneficios no energéticos que pueden obtenerse de una intervención son variados y dependen tanto del tipo de intervención como del contexto en el que se desarrolla. En la mayoría de los casos, es posible conseguir: un aumento de la competitividad, una reducción de los tiempos de inactividad por mantenimiento, una mayor fiabilidad en la producción o en la prestación de servicios, una mejora de la calidad de los productos o servicios, una reducción de los residuos (agua, residuos, etc.), una mejora de la imagen corporativa. Además, si la eficiencia se integra en las actividades de la organización, puede conducir a una mejora del producto y de la creación de valor.

En Europa, uno de los instrumentos clave para estimular la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en los principales sectores industriales y en el sector de la aviación es el Régimen Comunitario de Comercio de Derechos de Emisión (RCCDE). Este régimen se propone en el paquete de propuestas «Ready for 55%» para ampliarlo a las emisiones de los edificios y el transporte, tanto marítimo como por carretera. El RCCDE funciona según el principio de limitación y comercio de derechos de emisión. Se establece un límite para determinar la cantidad máxima de gases de efecto invernadero que pueden emitir las instalaciones cubiertas por el mecanismo. Los propietarios de las instalaciones incluidas en el RCCDE que emiten menos de la cantidad que se les ha asignado pueden vender sus excedentes de derechos de emisión a quienes no cumplen el tope y, por tanto, tienen que compensar comprando derechos en el mercado. En este contexto, la eficiencia energética puede desempeñar un papel fundamental, ya que un uso más eficiente de la energía conduce a una menor emisión de gases de efecto invernadero para la misma producción.

Aparte de las entidades del RCCDE, un número cada vez mayor de empresas ha decidido reducir o compensar sus emisiones de forma voluntaria (según la norma ISO 14064), ya sea porque se ven obligadas/presionadas a hacerlo por sus clientes o porque se han dado cuenta de lo importante que será en el futuro la capacidad de descarbonizar sus operaciones para seguir siendo competitivas y acceder a fuentes de financiación adecuadas para apoyar su crecimiento. Para estos actores, la eficiencia energética es también una de las vías clave para alcanzar sus objetivos de forma sostenible.

La atención a las emisiones y a evitar la deslocalización de la producción más intensiva en carbono está detrás de la propuesta de introducir un nuevo mecanismo de ajuste en la frontera del carbono (CBAM3), a través del cual se fijará un precio del carbono para las importaciones de determinados productos. Este mecanismo pretende garantizar que las acciones europeas no den lugar a fugas de carbono y animar a la industria no comunitaria y a los socios internacionales a tomar medidas en la misma dirección.

La propuesta de revisión de la Directiva sobre fiscalidad de la energía (DTE) prevé racionalizar las exenciones y reducciones y, entre las distintas opciones para fijar los tipos, se tiene en cuenta el contenido energético y/o las emisiones. Las propuestas de ETS, CBAM y DTE afectan a los precios de la energía y de los productos, lo que repercutirá en las opciones de las empresas y de la eficiencia energética. Los diferentes mecanismos a través de los cuales opera la EED se integran y complementan con las propuestas mencionadas y otras del paquete «Fit for 55», con el fin de maximizar los beneficios y reducir los costes.

La eficiencia energética por sí sola no es suficiente para cumplir los exigentes objetivos de reducción del cambio climático para 2030 y 2050. Combinar la eficiencia energética y la generación renovable significa también que los usuarios pueden optimizar su consumo y sus costes. Para ello, es necesario contar con sistemas avanzados de monitorización de la energía capaces no sólo de mantener el consumo bajo control, sino también de gestionar, cuando sea posible o gracias al almacenamiento, la demanda en relación con la producción. En este sentido, se han introducido las comunidades de energía renovable, creadas por un grupo de autoconsumidores; estos sistemas pretenden optimizar el autoconsumo proporcionando un incentivo, basado en la energía compartida, para estimular su implantación. Las comunidades energéticas son una de las herramientas, junto con los ACE (acuerdos de compra de energía), destinadas a fomentar la adopción de fuentes renovables, superando las barreras de disponibilidad de espacio, producibilidad y capacidad de inversión de las empresas individuales.

Por último, entre otras muchas herramientas a las que se recurre para reducir las emisiones y aumentar la sostenibilidad de los productos y servicios, está la transición hacia una economía circular, como alternativa al actual modelo económico lineal (extraer, producir, usar y desechar), repensando los productos y procesos y todas las fases de su ciclo de vida completo, desde la cuna hasta la tumba, para que puedan ser reparados, reutilizados, regenerados y reciclados, convirtiendo los residuos y desechos en recursos. La Directiva de Ecodiseño es una herramienta para orientar el mercado de los productos de consumo, combinando los requisitos de sostenibilidad y eficiencia para decenas de familias de productos, desde las bombillas hasta los motores eléctricos, imponiendo a través de su normativa los requisitos para los productos que se comercializan.

En conclusión, la eficiencia energética es transversal, rentable, permite sinergias y aporta beneficios relacionados con la reducción de las facturas, el consumo y las emisiones, así como otros beneficios que pueden referirse a la mejora del producto o servicio, la competitividad, la imagen, el confort, el entorno de trabajo, la seguridad, la resiliencia, etc. Para apoyar la implementación de medidas de eficiencia energética exitosas en el sector privado es posible utilizar el enfoque GoSafe with ESI, desarrollado con la ayuda del programa europeo Horizonte 2020. GoSafe con ESI incluye un contrato estandarizado de instalación «llave en mano» con resultados garantizados, validación por terceros y seguro de ahorro. En el camino hacia los objetivos de 2030 y 2050, Europa ha identificado y coordinado una amplia gama de instrumentos de apoyo y restricción, desde los edificios hasta el transporte, desde la investigación hasta la financiación. Está claro que se avecinan grandes cambios en innumerables aspectos de nuestra vida privada y colectiva, así como una serie de oportunidades que hay que aprovechar.